Ojitos mentirosos
Algo dentro de mí ama este lugar, debo admitir. El hecho de que toda mi vida ha transcurrido aquí puede explicarlo: es mi hogar. Me es familiar pasar frente a las rosticerías, y ver en la calle la flora local, y por lo tanto despreciada: dientes de león, jacarandas, bugambilia, la mala yerba incluso. Amo caminar por el tianguis y entregarme a la experiencia última de lo aleatorio; las chácharas, la ropa barata, las muñecas viejas, libros que fueron comprados para hacer un reporte en la secundaria, los labiales de Bissú y el rímel de Apple, el de las verduras, pásele güerita, las películas pirata a 10 pesos o 2 por 15, "no, patrón todavía la tengo de cine, pero me llega el mes que viene", el que vende los discos saturando su bocina con guarachas. Pero me da miedo, como le dije a mi hermana una vez, de sentir que estoy ' romantizando la pobreza'. "Pero no es romantizar la tristeza si vives aquí", me dijo. "Este es tu contexto". Pasábamos por un pu...


